Autor: Bill Knott
Atando al proxeneta en sueños a una farola, con su esmoquin mojado por besos aduladores, ¿puedo despertar chupando las huellas de los inodoros de las cárceles que brillan como marquesinas que se han estrellado?
Aparece un perro en letras grandes en mi piel. Mundos gemelos, que intercambian amenazas via marcador, rivalizan esta noche, esta pelea a la muerte con suficientes sobras, aún supuran para los dos.
Incluso entonces me gustaría ponerme, sacarme la ropa sin decirle primero a mi pija “Perdona, es tuya” mientras las estrellas, los espectáculos no coleccionados de la eternidad se levantan. Ey, ¿recuerdan el modo en que los pintores calculan la perspectiva? Yo, corto el pulgar y lo arrojo a la cosa.
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