Autor: abonizio@gmail.com
Somos una especie auto amenazada de extinción. “No sé el final de todo esto, yo seguramente no lo voy a ver” recurren a ese argumento los viejitos. ¡Pero amigo mío, si ya lo está viviendo! Lo que sucede es que se hace el otario. ¿Acaso no ve como la tierra cruje, como son violadas las democracias por vía digital y lo que come ya sea vía espíritu o cuerpo es veneno? ¿Qué otra señal espera? ¿Que venga el arcángel Gabriel a tocarle la puerta? Somos como los monos: si no copiamos no aprendemos. Si no hubiese leído desde Correrías de Patoruzito hasta Gramsci, Mafalda hasta José Martí, hoy no armaría una línea sin ayuda. Toda influencia es buena y todo robo es aceptable siempre y cuando no se note demasiado el origen. Yo le escribía los discursos a un fascista pensando que era de izquierda. El solo invertía los conceptos. Tarde me di cuenta. El Buen mirar se corresponde con el Buen vigilar.
“La palabra amenazada” de Ivonne Bordelois me ayudó a desnudar el trámite. Los de derecha harán cuanto puedan para ganar, mienten, tramitan tribunales y verdugos, engañan y coronan con cizaña su podio. Así estamos. Hay que combatirlos escribiendo, por más que nadie nos escuche y lea. La desesperanza nuestra constituye su mejor alimento. Hay que donarles sangre de recuperados de la peste: así sabrán vivir limpios de una vez. Aunque es poco probable: mejor un juicio justo, una mañana de sol y un futuro prodigioso. Hoy que ya es tarde para todo es a la vez, el principio de algo. Los aztecas recibieron a los conquistadores porque creyeron eran los dioses que les habían prometido volver. ¿A quienes esperaban? Tarde se dieron cuenta: ya les habían violado sus mujeres, robado su oro, encerrado en reservaciones donde fuman la eterna pipa de la paz y hablan de la Visión como para redimirse de su inocencia. De acá a quinientos años es fácil criticarlos. ¿Qué hacer contra el “palo de trueno” que tumba jugadores a puro plomo? Nada, solo rezar, sin saber si oye, a la Virgen Negra de los Desposeídos que aún no ha sido idolatrada. Bella, poderosa y sumisa en su adoración, como toda esclava de estas comarcas. En su nombre las féminas que odian a Evita saltan al ring de vidrios sin un solo corte. Tampoco han salido a protestar por Milagro o por Cristina. Escriben consignas rabiosas y punto. No me quejo. Estoy aturdido. Ya no creo en lo que veo. Maduro en ojotas, tapados los ojos camino a la hoguera. Milei bendiciendo eso. La SIDE dormirá debajo de nuestra cama. El mundo en pedazos. El mundo al instante, como en las viejas presentaciones de los filmes.
Me tomo mi clonazepan diario, cebo un mate a mi amigo invisible -es mezcla de Artigas con San Martín- y me rajo a Córdoba, entre espinillos y chanchos de monte. Me voy a aturdir de oxígeno y moras. No puedo escribir más.
Mi preocupación como canaya, que Malcorra se haya ido, fue reemplazada por el pánico de que cuando arribe a mi cueva de las sierras esté ocupada por la élite yanqui armada hasta el ojete.
Una lástima: no podremos hablar de fútbol siquiera.
