Autor: Bill Knott

Solo hace falta que Laura Riding me dé un azote en el trasero con su fusta y ya estoy en marcha: «¡Arre, caballito!», grita montada a horcajadas sobre mí mientras me desplomo dulcemente sobre la alfombra. El aburrimiento, qué estética, limpia los días. Alabo la antigüedad de mi escarbadiente. Esposo-pequeño al piso, mi pie se inclina en la danza, en los intervalos del cortejo. Después de ponerse la ropa los amantes están sorprendidos de lo vacíos que parecen los ojales.

Vistas: 2