Autor: Bill Knott
La saciedad me ayuda a habitar este mundo. Existiendo según sus designios para revolotear sin rumbo fijo por la ventana, para sombrear todos los patrones que ofrece cada sol.
En marcos hasta donde alcanza la vista dirijo mis palabras hacia los fragmentos de un malabarista como si nuestras caídas, nuestras muertes, ocurrieran pero no implicaran muchos movimientos de brazos coloquiales, los lanzamientos del lenguaje corporal.
Así, la forma de tu silencio cuando me habla es diferente que la mía diciéndote, aunque ambos se asemejan a ese espasmo alabado como reposo, una especie de pausa en la vida, del mismo modo que el horizonte está muy lejos sin pretenderlo.
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