Autor: Bob Hicok

Puedes salir de este país conduciendo y atacar el mundo con tu ambición, inventar plasmas de maravilla, ser un artista de gesto provocativo, el sugerente asentimiento, podrías dejar deseando al mundo y retornar transportándolo, un ruidoso paquete de vapor y libido, una bola de fuego balanceada en tu lengua, podrías reclamar la Calle Principal en una limousine, más largo que un sermón, saludar a nuestras caras rojas mientras recuerdas que naciste un paleto, un hijo de granjero, y superar ese obstáculo de una vez por todas, contando las historias de un gran hombre -las sucias bromas de dictadores, curiosidades de la higiene presidencial, vistas internas de las cualidades psicotrópicas del poder y la tradición americana de besar culos adinerados-. Tu tío todavía te llama Roy Boy, faisanes toman sol junto a las vías, esperando que el rocío se queme antes de su primer vuelo, y el maíz crece tan alto que si te pararas en el campo desaparecerías, el hecho de dirigir tus ojos por el camino.

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