Argentina adquiere el status de «país de mierda» entre los vasallos (y lameculos) del imperio trumpista

Autor: Alvaro Correa

Nadie de la Cancillería pudo dar la más remota causa o explicación del aterrizaje de varios aviones militares estadounidenses en Ushuaia, a la que el gobierno le expropió el puerto el día anterior. A eso se llama en Argentina “hacerse los boludos”. Varios periodistas y analistas informaron que los viajantes eran legisladores, y el gobierno dijo que hicieron el periplo porque están interesados en invertir en Vaca Muerta (¡otra excusa sin sentido que refleja cómo los gobiernos de ultraderecha propagan mentiras a mansalva!).

Y es que además de poner 2.000 millones de dólares, robados con maniobras caputescas a las arcas públicas, para poder participar en el nuevo Consejo de Paz del emperador, Milei le entregó la gestión y control militar del puerto, su uso para apoderarse de la Antártida en su totalidad -por si tiene que negociarla con un extraterrestre más poderoso que él-, y con el estratégico dominio del Atlántico Sur hacerle la vida imposible a los pescadores chinos, incluso bajarlos a cohetazos como las ejecuciones extrajudiciales que realiza casi a diario en el Caribe.

Por supuesto, la contraprestación, según los gestores y think tanks de la política exterior mileísta (caracterizados por su inexistencia), será la devolución de las Malvinas y su explotación conjunta entre Argentina y los Estados Unidos. Semejante proposición ya fue hecha por los imbéciles que defienden nuestro rol de felpudos de Trump en el nuevo orden internacional que estableció desde el secuestro del presidente venezolano Maduro. Dicen que se lo puede imponer con facilidad a los británicos, que se están manejando como mequetrefes embelesados con la estrategia criminal y violenta del imperio trumpista.

Otro logro del emperador con su mascota preferida está relacionado con los masivos incendios en la Patagonia, para la que acaba de declarar una tardía e inútil «emergencia ígnea». Y es que la Jabad Lubavitch y las otras sectas ultraortodoxas (y pedófilas) a las que pertenecen Milei y el genocida Netanyahu, están imponiendo legislaciones que les permitirán desarrollar emprendimientos inmobiliarios similares a los de otros multimillonarios mafiosos como Joe Lewis.

Todas estas entregas o concesiones del “gatito mimoso” con sobredosis de clonazepam son reconocidas y se palpan en el aire, pero hay una cosa que logró mantener en secreto hasta que nuestros sagaces periodistas lo descubrieron, es la firma de un tratado con Estados Unidos para que Trump pueda deportar ilegalmente a nuestro país inmigrantes de cualquier país del mundo. De hecho, con eso Argentina ingresa, incluyendo a Sudán del Sur, Eswatini, El Salvador, Costa Rica y Panamá, en la categoría de “país de mierda”, según un esquema esbozado por Trump con su famosa fibra mística sobre una servilleta de papel con ribetes dorados, antes de caer dormido como buen octogenario, babeando contra su dibujo.

En su enfermizo seguidismo de las barbaridades y comportamientos de Trump, en los últimos meses Milei ha desplegado una política anti-inmigratoria rabiosa en un país que no tenía problema alguno como los que padecen las grandes potencias ante el fenómeno de hordas de migrantes o refugiados hambreados que quieren instalarse en el Primer Mundo. La nueva ministra de seguridad grabó un video donde se ufanó del récord de haber expulsado a 5.000 bolivianos, paraguayos y peruanos indeseables, catalogándolos de delincuentes o izquierdistas.

Se espera que el primer contingente de cubanos, venezolanos y ecuatorianos expelidos por el sistema estadounidense arribarán a la Argentina en tres meses, tiempo que demandará la remodelación del penal de Ushuaia para construir allí un centro bukeleano, con salas de torturas y varios paredones de fusilamiento, para regodeo de Pato Bullrich.

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