Autor: Ezequiel Pose

Si creías que lo peor del verano argentino era la inflación del helado o que el asado se declare bien de lujo, la política local decidió superarse. Mientras la Patagonia arde literalmente, nuestro flamante espectáculo presidencial se trasladó sin escalas a Mar del Plata para el “Derecha Fest” y la caravana de Milei. Sí, no escuchaste mal: incendios forestales y desastre ambiental… pero primero la selfie con raperos y vagones de simbología libertaria.

Porque nada dice “gobierno eficiente” como cantar rock del gato en un microestadio y hacer una gira de agradecimiento mientras miles de hectáreas se consumen en fuego. Parece que el nuevo plan de manejo de emergencias es que si el bosque se convierte en carbón, mirá el espectáculo y después hacemos un tuit.

En Mar del Plata se montó la cumbre anti-zurda con megáfono y merchandising, donde no faltaron insultos entre propios, ni arengas estilo fanático de fútbol, ni aquellas frases épicas que uno esperaría más en una película de serie B que en discursos oficiales. Los seguidores, con su “enemigo afuera, enemigo adentro”, hicieron de este Derecha Fest una suerte de mezcla entre peña de barrio y mitin político de realities.

Mientras tanto, en Chubut y el sur patagónico el fuego sigue su danza mortal, consumiendo más de 40 mil hectáreas y obligando a bomberos y brigadistas a luchar por sus vidas entre vientos y calor extremo. Gobernadores de varias provincias ya le pidieron al Gobierno que habilite el debate parlamentario para declarar la emergencia ígnea, que se destinen fondos extraordinarios y que se coordine una estrategia real para combatir los incendios.

Pero claro, para este Ejecutivo la prioridad es otra: hacer política en la costa, cantar el himno del mercado libre y apuntar a los empresarios “turbios” mientras el humo de los bosques arrecia en el horizonte. ¿Rescatistas? ¿Plan de acción? Nah, mejor otra caravana con bocinazos mientras las llamas avanzan.

Y si de ironías hablamos, no podemos olvidar el papelón de la ministra que ahora es senadora, Patricia Bullrich, defendiendo su accionar como Ministra de Seguridad hasta el final de los tiempos como si estuviera narrando una épica griega: “no, boludo, fue un tiro bien hecho”, afirmó, en otras palabras, sobre el brutal ataque que dejó al fotógrafo Pablo Grillo con secuelas severas tras recibir un proyectil de gas lacrimógeno en la cabeza en plena marcha de jubilados. Sí, cuando otros gobiernos podrían decir “Uy, mirá qué desastre”, ella prefiere defender al que le voló la cabeza a un trabajador gráfico con una explicación que haría sonrojar a cualquier instructor de tiro mal calibrado.

Bullrich salió con la clásica frase de manual de supervivencia del oficialismo: si algo sale mal, no mires al cañón… mirá al que empuña el cartucho (literalmente). La egolatría de esta defensa cerrada hace que la única bala que no admite revisión sea la del relato oficial. Para colmo, sostiene su discurso en que el “portarse bien, trae sus consecuencias”. Mira, Pato, yo me porto bien, los que se portan mal son ustedes. Como si no les bastara con espiar a propios y ajenos tambien se reciben amenazas.

En suma, un récord nacional, un país donde el presidente prefiere un show político en la playa mientras el sur literalmente se quema, y donde la senadora defiende que injustificables prácticas represivas son solo “consecuencias inevitables” del orden. Si no fuera tragedia, sería comedia absurda de domingos a la tarde. Pero no, es vida real, y la realidad duele.

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