¿Consejo de Paz de Trump o Junta Imperial del Crimen Organizado (con sede en Gaza)?

Autor: Hugo Müller

En Davos se produjo el lanzamiento formal de la bazofia más grande de la historia de la humanidad, salida de un ególatra a punto de palmarla, que no es otra cosa que el rebranding de la inmobiliaria Trump-Netanyahu, ahora que comenzaron a levantarse los escombros para construir la Riviera de Gaza según el plan original de su yerno judío -denunciado hace años por Maldita Realidad-, que se posiciona como heredero del imperio criminal y mafioso que Trump legará al pueblo estadounidense.

Una simple mirada al logo del Consejo de Paz dice todo lo que se necesita, pues allí se plasma su megalomanía intolerable e insultante, apreciándose en el repugnante dorado del gerontócrata que es una iniciativa suya, donde muestra poco del mundo aparte de Norteamérica, y en particular sus últimas “conquistas” -Venezuela y Groenlandia-.

La composición del directorio de semejante mamarracho de un sociópata de su calaña, sugiere más que Make America Great Again que la cosa va para el lado de Trump forever. El es designado directamente como el director vitalicio y eterno, con el nombre de Mr Trump, omitiendo su condición de presidente de Estados Unidos. El podrá elegir a su sucesor, decidir la agenda y echar a quien se le antoje -aún cuando hayan puesto los 1.000 millones de dólares que demanda para la membresía permanente-, transformando su misión en la concreción del plan de negocios de un traficante de armas y secuestrador profesional de presidentes, experto en bombardeos letales y asesinatos selectivos, provisión de armas y facilidades para genocidios con impunidad garantizada. Es la expresión institucional de su creencia de que él no está sujeto a las leyes sino a “su propia moralidad, su propia mente”, tal como le soltó sin ruborizarse al periodista del New York Times que lo entrevistó.

Este organismo nace como un subterfugio del Consejo de Paz autorizado por el Consejo de Seguridad de la ONU, que le dio un empujón al perverso plan de negocios trumpista en el territorio donde aún hoy se perpetra un genocidio, él se encargará de la administración y reconstrucción de Gaza. A pesar de las dudas sobre el modelo colonialista y la libertad de acción otorgada al presidente de Estados Unidos en su rol de emperador mundial, la vaguedad de la resolución y el deseo de garantizar su apoyo al alto el fuego lograron su aprobación.

Este engendro de Davos es algo totalmente diferente, y su estatuto no menciona a Gaza ni una vez. Un hombre emperrado en saquear territorios ahora dirige un nuevo organismo de paz, y hasta ahora los único países que se sumaron, además de Argentina, Hungría y Bielorrusia, son los árabes que firmaron los pactos de Abraham patrocinados por Trump, y el terrorista estado de Israel, razón de ser del Ministerio de Guerra trumpista. Los genocidas Trump-Netanyahu, magnates del sector inmobiliario, ahora darán rienda suelta a su codicia, y mandarán quemar los cadáveres de palestinos y palestinas hundidos entre los escombros, de hecho, ya los están removiendo sus famosas bulldozers. En su función de emperador mundial, cada iniciativa de Trump es una afrenta a la humanidad entera. Los relatos de los medios de comunicación lo justifican porque ahora mandan los poderosos, los que tienen los fierros nucleares, el geronte decrépito más multimillonario e hijo de puta del planeta.

Entretanto, los palestinos soportan un brutal invierno en medio de ruinas y constantes bombardeos y asesinatos de Israel. Y Trump los amenaza con exterminarlos si no se desmilitarizaran, como si aún alguno de los sobrevivientes tuviera ganas de degollar a alguna ostentosa judía de mierda, o no judía que aplaude o festeja el genocidio de un pueblo digno como el palestino. Trump no piensa darles la menor ayuda a estas familias masacradas, nadie se hará cargo de la reparación de la infraestructura y la construcción de casas y hospitales nuevos, va a dejar que los aniquilen a gusto los judíos ultraortodoxos más sacados. Ese es su plan para los palestinos de Gaza, y que se la apropie la raza superior de los Kushner, combinada con la sangre y la savia ya turbias y embotadas de Trump.

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