Autor: Christopher Morley
El horno toca a muerto por la caída del vapor, el suministro de carbón está virtualmente hecho, y a este precio, incluso no parece que pudiéramos afrontar otro mónton. Ahora se desvanece la brillante y apreciada antracita, los radiadores pierden su temperatura: como se disponen los enfermos en semejante noche helada, “las cortas y simples frazadas de los pobres”.
Aunque en la caja de hielo, frescos y recién acostados, los rudos antepasados del sueño del omelette, no habrá huevos para el desayuno hasta que pague la cuenta: no podemos cocinar de nuevo hasta que el carbón sea barato.
¿Puede Morris -silla de descalabro de papel mâché- revivir el manómetro que pierde presión? ¡Corta el piano de cola si es necesario y quema la jaula del loro de East Aurora!
Llena varios baldes del kerosene más puro, los oscuros e insondables tanques de Standard Oil deberían abastecerme, y con su ayuda creo que voy a hervir mi café matutino.
