¿Qué diría Freud?

Autor: Bob Hicok

No fue a propósito que perforé mi dedo o la enfermera rió. Ella se disculpó tres veces y me dio un pinchazo de algo que era una disculpa más sincera. La persona que me condujo a casa dijo que mi sonrisa era un tótem manchado que siguió su cuerpo esa noche en que se arqueó sobre un acantilado en un sueño. El siempre está volando en sus sueños y tierras, en cruceros o revolotea sobre Atlanta con una erección. El me pone en la cama y las drogas, me desvestía y me despertaba a caníbales en mis extremidades. Me desperté con un sensación de lo que clavos en las palmas pueden hacerle a un espíritu temporariamente confinado a la carne. Eso también fue un accidente si crees que Judas meramente quería ser amado. Para ser amado por Dios, Urbano VIII hacía cortar cabezas que estaban inadecuadamente inclinadas por el dogma. Para ser amado por Blondie, Dagwood no hace nada bien excepto la arquitectura alucinógena de sándwiches. El también se perforaría un dedo mientras hace un estante para libros sobre reparación y salud doméstica. Perforarme el dedo no es la cosa más tonta que he hecho. El segundo lugar fue acercar una tapa de gas congelada a un encendedor en la mano pensando que el calor derrite el hielo y no que las explosiones matan. El primer lugar fue pasar por la puerta de una habitación y sacar seda que no pertenecía a mi esposa. Hacer un estante no es lo único que puede ofrecer mi disculpa. También he sido golpeado en un bar por decir huevos rancheros de un modo insultante a la etnicidad de los patrones. También he perdido mi empleo por estar tirado boca abajo en el sofá, no coincidía con la definición de home office de mi empleadora. Yo quería que ella entrara por la puerta un domingo y viera el estante que me pidió que construyera durante un año y se impresionara de que no se inclinaba u oscilaba, aun cuando yo solo me inclinaba y a menudo oscilaba. Ahora está medio hecho aunque ciertamente un regalo mejor con su mapa de mi sangre infiel.

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