Nos habíamos descolgado del 71 en movimiento y caído desde un paracaídas solitario, confeccionado con tela de bikinis de ahogadas por besos excesivos, enaguas robadas de las terrazas, bombachudos de gimnastas míticas de los clubes barriales nacidas como nosotros en una tierra calcinada que arrimaba el verano. Olíamos a fritanga y a almidón húmedo; éramosVer más ⟶
