Autor: Clark Ashton Smith

Ah, sufre que mi canción sólo a ti te pertenece: ninguna felicidad más querida elegiría mi corazón que lanzarla así, oh dulce, cada uno se prosternaba antes tus pies perfectos, sin tener otra musa.

¡Oh, amor melancólico!, qué bien todo lo que mis labios contarían, todo lo que las cuerdas vibrantes de la lira atestiguaron, fue escrito sobre tu pecho con besos agudos y lentos… Hace tanto, tanto tiempo.

Qué lágrimas son confluyentes desde primaveras y veranos gastados, alimentando la fuente de éste, nuestro Helicon, y el vino vertido tristemente, o derramado para ti, oh, la más adorada ménade, en festines de luna o sol.
Dejemos ahora que caiga algún intervalo de silencio lírico, que tu cabello caiga a ambos lados de tu frente y tu cabeza como pesadas guirnaldas, mientras dulces canciones no cantadas latan en nuestros pulsos.

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