Autor: Chirstopher Morley
Iba yo en la oscuridad hacia la Casa de la Quietud, el jardín estaba iluminado con rosas y cargado de almizcle. Los altos y temblorosos álamos susurraban alrededor; el suave parpadeo de sus plumas era más silencioso que cualquier sonido.
Y mientras me preguntaba en la puerta qué magia habría allí, la Dama de los Dulces Silencios vino suavemente bajando la escalera.
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