Autor: Gubara al Bashir
Hoy nos comunicamos con nuestro corresponsal en Sudán para ver cómo anda la cosa en un escenario de crisis humanitaria y catástrofe permanente, de caos y violencia étnica bestial, la industria de la guerra moderna floreciendo para que jeques millonarios y empresas transnacionales yanquis y europeas se queden con los recursos naturales del país, al que ahora le sobra uranio empobrecido, de tantas bombas de fósforo y de racimo lanzadas por recomendación de agentes israelíes en tráfico de armas y especialistas en exterminio de palestinos.
Gubara al-Basheer y su familia solían atravesar el desierto de Sudán con sus camellos y rebaños, moviéndose libremente entre mercados, oasis y paisajes desoladores. Pero desde que se agudizó el conflicto armado en Sudán, se vio obligado a abandonar el nomadismo y ahora se encuentra en una tienda precaria en las afueras de al-Obeid, donde es amenazado por bandidos, militares y policías prófugos, o por partidarios de religiones animistas o nativas.
La guerra ha roto el delicado equilibrio que había entre la propiedad de la tierra y las rutas que tomaba él y su grupo de beduinos y tuaregs que mantenían un intenso estilo de vida en un ámbito natural y salvaje, sin la presencia de sospechosos jeeps y vehículos militares cometiendo desmanes mientras atraviesan aldeas indefensas.
Al-Obeid es una de las ciudades más grandes, capital de Kordofan del Norte, donde se concentra actualmente la contienda entre bandos de fuerzas mixtas -militares y paramilitares, y mercenarios extranjeros-, que rivalizan también por su composición étnica. Al Basheer nos dijo “Estamos atrapados y nos están amenazando con matarnos a todos. Antes nos movíamos como queríamos, ahora no hay opción y casi no te aceptan en ningún lado”.
Y prosigue nuestro cronista: «Antes en los mercados del desierto podías comprar y vender lo que se antojara, funcionaba como un violín el libre mercado bien entendido, no al estilo Milei o Mercado Libre. De hecho, ahora es peligrosísimo, peor que ir de compras en Argentina por el miedo que te dan los precios que van a tener las cosas”.
Bashir es pastor y contó que el fin de semana les robaron las pocas ovejas y cabras que les quedaban: “Los militares nos incautan los bienes, nos ofrecen el oro y el moro si nos sumamos a su causa, y si nos resistimos o les decimos que somos pacíficos, se enojan y secuestran a alguno de los nuestros, como hizo Trump con Maduro”.
El cronista sudanés se explaya en su relato: “Vinieron los de las RSF, que se desprendieron de los milicianos árabes de Janjaweed, que tienen un prontuario de masacres y genocidio en Darfur en los 2000. Son caníbales y se comportan como animales, y tienen las mejores armas, ellos están financiados por los Emiratos Arabes Unidos; la contra es bancada por Arabia Saudita, toda la justificación o motivación de la guerra es un embrollo en el que están fuertemente implicados los genocidas mayores del planeta: Estados Unidos e Israel”.
En la era de la desinformación actual, por supuesto que los genocidas niegan todo y echan la culpa a las víctimas, el fascismo encarna en países como Japón, de antecedentes nefastos y con su propia y próspera yakuza. “Es un terror inmenso el que sentimos cada vez que se acerca uno de sus soldados matones…” revela Bashir, quien se despide con un lúgubre “la guerra ya me ha quitado las ganas de vivir”.
