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No como un cruel tirano, duro y frío, un monarca implacable y severo, pienso en la Muerte, a quien muchos temen y caminan aterrorizados, mantengo el pensamiento de uno que con brazos gentiles recoge al rebaño cansado y lo deposita en el féretro de la tierra, en descanso y paz, como las hojas secas y marchitas de otoño. ¿Pero desde antaño el árbol no ha sacado nuevas hojas? Así pueden las formas frescas del alma asumir otro día, con lo que el mundo invernal sin hojas está plagado. ¿Quién puede contemplar el tiempo de floración desnudo de la tierra, y decir que la Muerte es el final de la Vida?

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