Autor: Clark Ashton Smith
Aunque el amor haya soñado en suaves eternidades para latidos que nunca cesan aún por medir, esos minutos de nuestra dicha eran escasos y fugaces, recostado sobre sus pechos tras el torbellino de la tranquilidad, ella me dijo a la medianoche: “Los recuerdos son todo lo que tenemos al fin”. Ah, agridulce la condena que repiten las campanas del pensamiento… Esta verdad de solemnes verdades donde los penosos sentidos encuentran desesperación y el corazón una iridescencia en lágrimas oscuras… Pero concédeme, oh O Venus de la colina oculta, que aún nos queden muchas tardes iluminadas por las rosas para compartir, y medianoches en los años sin ascender y los recuerdos estrellados aún sin engendrar.
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