Se recalienta mal la guerra entre Afganistán y Pakistán

Autor: Ali Ghilzai

Si bien los ataques de la inmobiliaria Trump-Netanyahu a Irán, el asesinato de su líder religioso y de prominentes miembros del gobierno iraní, la bomba lanzada a una escuela primaria donde mataron a más de 150 niñas, fueron noticias festejadas por la prensa occidental, el hecho incidió en la guerra ya abierta entre Pakistán y Afganistán, donde a pesar de la espectacularidad de los ataques judeo-estadounidenses, los combates no se detuvieron ni en Torkham ni en Nangarhar. A su vez, la policía y militares pakistaníes reprimieron ferozmente manifestaciones anti-israelíes y anti-estadounidenses (matando a varios chiíes), mientras en Afganistán el gobierno organizó mitines y marchas para analizar su política de defensa y comenzar a prepararse para darle una lección al emperador mafioso y su socio genocida.

Y la guerra con Pakistán, armada por los yanquis, les puede servir de óptimo entrenamiento. En sólo dos días de guerra, Afganistán reclutó 200.000 niños dispuestos a inmolarse para vengar a Khamenei, y Pakistán superó esa cifra, llegando a los 300.000 voluntarios a volar Israel por los aires, y recoger las bendiciones y felicidad del más allá mahometano.

De uno u otro modo, es extraño el escenario de Medio Oriente, donde países como Omán, Qatar y hasta Turquía se ofrecen como mediadores de conflictos que siempre acaban agravándose luego de su intervención, ocurriendo esto exactamente con la guerra focalizada en el presente artículo. Y el agravamiento siempre implica mayor presencia estadounidense y un agrandamiento y expansionismo israelí que ya supera al de Hitler en la 2ª guerra mundial, ¡francamente asqueroso el rol de estos países mediadores, que no son otra cosa que traidores que fueron a cobijarse al grotesco y criminal Consejo de Paz trumpista!

Lo cierto es que Pakistán bombardea Kabul a lo yanqui, mientras los talibanes se defienden con incursiones letales que van más al enfrentamiento cuerpo a cuerpo, a la guerra cruda como era en siglos pasados, aunque con todo tipo de armas habilitadas para matar a corta, media y larga distancia, encantándoles el acto de secuestrar a soldados enemigos y convertirlos al talibanismo.

La cúpula pakistaní hace declaraciones rimbombantes a lo Trump, y asegura que liquidaron a un montón de talibanes importantes, ufanándose de que los van a aplastar, terminando la tarea que no pudieron concretar ni rusos ni yanquis… “Ellos lo único que saben es exportar terrorismo, nuestra paciencia se agotó” dijo el jefe de la armada paki, siguiendo el guión de sus jefes inmobiliarios.

La frontera de Pakistán y Afganistán abarca 2.611 km2 de la denominada Línea Durand, división inventada por el colonialismo occidental que nunca fue reconocida por ungobierno afgano, que necesita espacio vital para exportar su terrorismo salvaje capaz de amedrentar a la superpotencia imperial. Por ahora, la avaricia y ambición territorial de Netanyahu no llegó hasta tan lejos, y por eso los afganos se sienten más o menos seguros para seguir guerreando y siendo un actor clave del Asia Central, con mucho que aportar a la lucha antiimperialista global, que es hoy una lucha ante una mafia privada amparada por intrincados aparatos judiciales que le dan carta libre a la sociedad inmobiliaria Trump-Netanyahu para perpetrar constantes crímenes contra la humanidad.

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