Autor: Hugo Müller
Y salió nomás la reforma laboral mileísta, la norma regresiva que busca aniquilar los sindicatos e impone condiciones de trabajo esclavistas que las empresas y empleadores jamás soñaron, siendo un modelo para los garcas explotadores de todo el planeta. El gobierno autodenominado “anarcocapitalista” dice que revertirá la pérdida de 300.000 empleos registrados ocasionada por su plan económico de endeudamiento demencial, ajustes con motosierras, carry trade y saqueo de arcas y cuentas estatales. En el sector informal de la economía se calcula que esa pérdida ha sido más atroz aún, elevándose a más de un millón los subocupados que se quedaron sin changas ni ingresos, pasando a formar parte del ejército de “personas en situación de calle” que se apilan durmiendo sobre cartones o colchones mordidos por las ratas en los portales de los tugurios más inmundos de sus principales ciudades, con un olor a pichí que le da una encantadora ambientación peruana -al menos limeña- a barrios como Constitución o incluso el microcentro porteño. Y es que muchos especialistas sostienen que Argentina se encamina a la estabilidad y la solidez del modelo económico peruano, de entrega y desposesión, y extractivismo belicista a las ordenes del Departamento de Estado estadounidense.
Así como es imposible hallar un pobre que haya modificado su condición en el gobierno mileísta, resulta inútil buscar un funcionario mileísta -aún entre los miles que renunciaron- que tenga la menor idoneidad para ejercer su puesto, y cualquier ley salida de su equipo legislativo es a la vez inconstitucional y criminal, vulnerando en este caso derechos individuales elementales de todos los trabajadores argentinos.
Una de las disposiciones más aberrantes de la “reforma de modernización laboral” es la entrega de los fondos de los jubilados al ministro de Economía Luis Caputo para que el Estado se haga cargo de un nuevo régimen de indemnizaciones que tiende a su extinción. El lombrosiano “Messi de las finanzas” que conduce las riendas de la nación sudamericana con sus clásicas tácticas mesadineristas de fuga y expoliación, haciendo estafas “a lo Cositorto” en dólares, pesos y criptomonedas, es el mismo ministro que ya arruinó a Argentina durante la presidencia de Macri hace apenas ocho años, volviendo a retomar impune su senda delictiva de multimillonario energúmeno y evasor desde adentro del estado nacional.
Sus políticas lograron arruinar un montón de industrias vitales, y descalabró la infraestructura de energía y transporte. Hoy hay más de 5 millones de argentinos que se dedican a ser revendedores de cualquier cosa en redes sociales, o choferes de plataformas de servicios online. En eso consiste la gran revolución de Milei, y su “dar vuelta a Argentina como una media”.
Martín Rappallini, presidente de la Unión Industrial Argentina (UIA), uno de los socios de Milei en la destrucción de Argentina, apoyó la reforma y dijo que “ahora se acabaron las protestas, y la policía impide los excesos de los kukas que gobernaban antes. No creo que cree un solo puesto de trabajo, pero le da previsibilidad a las relaciones laborales en Argentina, asegurando un pronto y absoluto reemplazo de millones de trabajadores por IA en todos los sectores de la economía” se jactó de analizar, haciéndose el sesudo.
Hablamos mejor con Carlos Alberto Dawlowfki, jubilado de 76 años detenido por la policía del gobierno mileísta durante las protestas que despertó la ya aprobada y nefasta reforma. “Vi muy bien cómo disparaban gases y balas de goma, y de plomo también. Acá están imponiendo la voluntad de un sociópata degenerado a sangre y fuego, no tiene un solo artículo que beneficie al trabajador, y se nota mucho que la ley es un engendro dictado por la IA de alguno de los sádicos judíos multimillonarios amigotes del presidente, como Grinman, Elsztain o Galperín”.
