Autor: Clark Ashton Smith

Ay, ¡qué desgraciado soy!, pues el Amor ha dormido, ha permanecido demasiado tiempo en algún lugar cercano a Circe… hasta que en sus alas soñadoras la rosa arruinada cayó ligeramente, y las hojas de la rosa roja eran profundas.

Ah, vete, porque el amor ha terminado: vagando lejos, solo, no sabemos dónde, él encontró las hermosas amapolas blancas y púrpuras, ni escuchamos el verano pasar importunado. Dulce Amor, ¿podemos perdonar tu holgazanería? El verano dorado, como un sueño al amanecer, cambia, y desde nuestros ojos encendidos se ha ido, y deja el gris otoño… Hemos escuchado tu ala pero con un sonido de suspiro, corazón sobre corazón, en nuestros propios suspiros escuchamos partir tu ala.

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