Indígenas amazónicos brasileños muestran la única línea de combate al capitalismo salvaje

Autor: Alessandra Korap

“Fue una victoria de la vida”. Ese fue el mensaje triunfal de las comunidades indígenas brasileñas que esta semana ocuparon la terminal portuaria granera de Cargill, la mayor transnacional estadounidense del sector alimentario, para defender al río Tapajós de los siniestros planes extractivistas de la empresa.

“El río ganó, la selva ganó, la memoria de nuestros ancestros ganó” dijo Alessandra Korap, vocera del pueblo Munduruku, cuando les llegó la noticia de que Lula se vio forzado a anular los planes de privatización que apuntaban a convertir la floresta biodiversa en camposa de soja para Cargill.

Lo que hace histórico este desenlace es que 1.000 guerreros de las etnias Munduruku, Arapiun y Apiaká doblegaron a poderosas fuerzas del capitalismo global y el desastre climático. Y que Estados Unidos, en su avanzada en la región, ha visto frenado su ímpetu depredador en la Amazonía brasileña.

Con rostros enojados, los activistas indígenas tomaron una planta que envía el 70% de la soja y el maíz brasileño a Estados Unidos y China, parando un flujo que impactó tanto en Pekín como en Wall Street. Además de frenar el comercio, los indígenas impidieron que Cargill continuara sus operaciones.

La idea del gobierno brasileño, con el apoyo chino y la buena voluntad de Cargill como principal beneficiario, era hacer una hidrovía para industrializar la región del Tapajós y conformar el mayor carril de alimentos del mundo. Pero los indios arrojaron sus flechas a las oficinas de Cargill y lograron que Lula revoque el decreto que privatizaba tres ríos para la implementación de proyectos federales -el Tapajós, el Madeira y el Tocantins.

Es preciso señalar que el Tapajós ya funciona medio como una hidrovía y transporta más de 40 millones de toneladas hasta la terminal de la compañía estadounidense. Pero la avidez y angurria del complejo sojero se viene imponiendo en desmedro de la preservación y cuidado de la naturaleza.

La Federación Indígena sacó un comunicado avisando: “La transformación de nuestros ríos en rutas para su explotación económica directamente amenaza nuestros territorios, nuestro estilo de vida tradicional, la seguridad alimentaria, la biodiversidad y el equilibrio ambiental de toda la cuenca Amazónica”.

Hace 10 años el Tapajós era famoso por sus aguas cristalinas. Ahora está contaminado con arsénico usado por mineros ilegales y derrames de diesel por la creciente cantidad de barcazas sojeras. Las comunidades aún no se recuperaron de la sequía que produjo la última corriente de El Niño. Las cosechas se arruinaron y los niveles del río decrecieron hasta hacer imposible la navegación, siquiera para comprar víveres o recibir atención médica.

Visitamos la aldea de Jamaraqu y ahí el shaman nos advirtió que si privatizan el río todo empeorará y hasta podrían desaparecer los pueblos amazónicos. En la última Cop30 de Belém tomamos el lugar, agarré el micrófono y denuncié los negociados del estado brasileño con los yanquis y los chinos.

La importancia de la victoria de los indígenas brasileños debe ser destacada en un mundo regido por el emperador Trump, negacionista del cambio climático y propagador y promotor de todo tipo de contaminación y corrupción, oriéntadose todas sus acciones a una acelerada destrucción del planeta Tierra.

Las industrias extractivistas hacen daño con la ganadería, la minería, la construcción y la explotación hidrocarburífera y de metales raros, y hasta ahora los únicos que logran frenarlos son estas comunidades aborígenes, tradicionalmente sometidas a saqueo y exterminio por los estados nacionales.  

Cuando las advertencias sobre la pérdida de selva amazónica están llegando peligrosamente a un punto de no retorno, hay que venerar la sabiduría ancestral de los Mundurukus. Pero ésta es sólo una victoria transitoria, y la codicia aberrante de Cargill, la imprudencia de Lula o la insistencia de los chinos volverán a arremeter contra el ya maltrecho y amarronado Tapajós.

Vistas: 18