Autor: Clark Ashton Smith

Los hombres dicen que los dioses han volado, la edad de oro es solo una historia desvaneciéndose, y Grecia fue transitoria: aún en esta colina hesperiana hemos conocido la antigua locura y la antigua gloria.
Bajo el tirso en alto, hemos sentido la estremecedora presencia del dios, y tú, Bacante, calzada con fuego lunar, y con fuego lunar toda envuelta, has danzado sobre la tierra misteriosa.
Con cada floración de otoño, y con las hojas verdes y marrones de la vid hemos llenado tu cabello divino, desde el hueco de tu delicioso pecho hemos bebido vino, Bacante, vino púrpura.
Ahora a nuestro alrededor la noche se pone mística con resplandores y sombras lanzadas por lunas pasadas para siempre, y en tus pasos, oh, bailarina de nuestro deleite, se mueven salvajes fantasmas invisibles y rápidos.
Detrás, ante nosotros, se precipitan las ménades y las basáridas en una huida espectral, con varios gritos no oídos, Citerón se asoma en cada empinada festividad sobre esta colina decidido a soñar y dudar..
¿Qué Poder fluye por nosotros, y hace que el viejo delirio se intensifique, y rebose cada vena ardiente de pasión y de peligroso éxtasis? Bailarina, a quien nuestros devotos corazones aman.
Tú eres esa mágica urna de donde es vertida la gramática pagana, hasta que, en consecuencia, en nuestra sangre y espíritu bardos arden los sueños y las fiebres de la antigüedad.

Vistas: 1