Pésimo comienzo de la temporada de migrantes ahogados en el cruce de Africa a Europa

Autor: Gaetano Melano

Más de 600 personas han muerto o se han hundido en el mar Mediterráneo en lo que va de 2026, en lo que es “el comienzo de año más mortal” en más de una década, según informó la OIM (Organización Internacional para las Migraciones). Y a esto hay que añadir una cifra negra o clandestina que duplica los guarismos de los ahogados o desaparecidos.

Entre los muertos se incluyen 30 de un barco que naufragó el sábado cerca de Grecia. La marina helénica sólo logró rescatar a veinte personas, cuatro menores y recuperó los cuerpos de tres hombres y una mujer, El barco había partido de Tobruk (Libia) y se hundió a 20 millas náuticas de Kali Limenes, en la famosa isla de Creta.

La OIM lleva estadísticas pavorosas y su trabajo se ha multiplicado ad-infinitum desde la asunción de Donald Trump en Estados Unidos. A pesar de los obstáculos y de su falta de presupuesto, hace esporádicos esfuerzos por salvar vidas y asegurar que todos los países de la región ayuden al rescate de los africanos que supuestamente huyen de guerras emprendidas por potencias o impulsadas por empresas europeas.

En Italia la guardia costera tuvo un peor desempeño la semana pasada, sólo pudo salvar a 15 de más de 100 que fueron sentenciados por espantosas tormentas invernales en las playas de Calabria y Sicilia.

Estudiantes de secundaria encontraron el cuerpo de un hombre con una chaqueta naranja cerca de Tropea. El cuerpo de una mujer fue hallado en la misma área por un humilde pescador calabrés. También las olas arrastraron cadáveres juveniles a la isla de Pantellaria.

Los obispos de Calabria y Sicilia atacaron las políticas migratorias de Meloni, diciendo que los naufragios no son tragedias aisladas sino que son producidas por decisiones políticas inhumanas. “No podemos seguir midiendo el éxito sólo con los que llegan vivos a la selección italiana, sino que debemos contar a los muertos” -dijo Corrado Lorefice, arzobispo de Palermo.

La condena católica llega luego de que el gobierno de ultraderecha aprobara una ley que le permite ejercer un bloqueo naval a los barcos africanos que buscan puertos italianos en lo que ellos denominan períodos de “excepcional presión” (es decir, de aquí a la eternidad).

Este es el último golpe de Giorgia Meloni a la inmigración irregular, luego de reprimir a ONGs que tienen barcos de caridad y rescate, endureciendo penas por salvación de seres humanos y adoptando mecanismos que permiten la expulsión o la repatriación inmediatos, además de quedarse con unos cuantos sobrevivientes de naufragios para poder torturarlos y someterlos a piacere en centros ocultos de detención.  

Ante la noticia de la OIM, Meloni sonrió y aseguró que va a dirigir a todas las fuerzas policiales y militares a resguardar las costas para que no ingresen más africanos ilegales. Según el Ministerio del Interior, en 2025 entraron a Italia 66.296 personas en arribos de naves africanas, un poco menos que el año anterior, pero casi la mitad de 2023, cuando Italia hizo acuerdos con Libia y Túnez para contener la avalancha de refugiados hambrientos y desesperados por los miles de conflictos bélicos y étnicos que generan millones de muertos, ocasionados por Italia y otros países satélites del trumpismo imperial.

Cabe destacar, como dato pintoresco final para tan sombrío panorama, que el número de ahogados en sentido inverso fue rayano a cero, pues ningún europeo cruzó el Mediterráneo para buscar un mejor destino y condiciones de vida en el continente africano, haciéndolo sólo con fines turísticos, para prostituirse o buscar esclavos y adoptar hipócritamente bellos niños de piel negra para tener cuidadores en vejeces cada vez más extremas.

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