Autor: Clark Ashton Smith
Totalmente madura en la rama, pende la brillante manzana ahora, y las lías caen del vino sin turbidez. Estos recuerdos que retornan vierten de su urna suavizante un consuelo soñador y delicioso.
¡Oh, amor!, tu rostro, tus manos, perdidos hace mucho tiempo en tierras más tristes, en algún lugar en medio de este valle dorado permanece: todo lo que fue volado y querido yace de algún modo cálido y cercano… Nada se ha ido excepto la soledad y el dolor.
Todo el día sigo todavía, en terreno o colina occidental, el sueño resoñado, el encanto forjado una vez más: el mañana trae al fin todas las alegrías del pasado para el que bebe de la mandrágora del otoño.
No hay vientos amargos que despierten en el lago o en el matorral lleno de juncos, el cítrico atardecer deja una luna naranja. Ante mis sentidos flotan tus pechos, tus labios, tu garganta como fruto de Hesperus en un desmayo de amapola.
