Autor: Clark Ashton Smith
Soñé que cada cosa de las más hermosas y perfectas que tiene la naturaleza, de sonido, forma y tono… los vientos, el césped, el rocío ligeramente concentrado, el resplandor y rapidez del ala del ave de mar, el azul del mar y el cielo, y oro de tormenta transmutado por el atardecer, y la llama de las hojas coloreadas del otoño, ante mí vinieron y, al encontrarse, se fundieron en una forma más divina.
Era la belleza encarnada, cuyo espíritu estremece a través del océano glauco y las colinas más verdes, y se esconde en las cumbres desconcertadas por las nubes. Su rostro lucía la luz de planetas caídos, mientras yo contemplaba, con duda y asombro, mis ojos estaban deslumbrados, y ya no vi más.
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