Autor: Christopher Morley
Cuando nos separamos, dulcemente, y llegó la oscuridad, solía encender un fósforo y sostener la llama ante tu imagen y tu marca sin aliento, el resplandor de la chispa diminuta respondiendo que trajo a la vida la magia de tus ojos, su ternura melancólica, su grata sorpresa.
Sosteniendo aquella antorcha mímica ante tu santuario solía encender tus ojos y hacerlos míos, observarlos como estrellas dispuestas en un cielo solitario, susurrar mi corazón, anhelando una respuesta, convocar tus labios desde lejos a través del mar, invitándolos a vivir una hora del crepúsculo conmigo.
Entonces, cuando el fósforo se consumía en la penumbra, sí, estabas conmigo en la habitación oscura.
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