Autor: Christopher Morley
Bendigo todas las alegrías, pero confieso que hay un estremecimiento mayor, lo que hace el dentista cuando detiene el zumbido y apaga el torno.
Su motor zumba a lo largo de mis encías, su zumbido excavador, salivo y gorgoteo esperando vibrar hasta el hueso.
Oh, ¿salvará él este diente cóncavo o ahora decidirá remover más decadencia? El murmura, ‘abre bien’.
Entonces yo debo sentir el ardiente acero, la punzada caliente y frágil, y permanecer en silencio hasta que empuja el soporte de su bisagra.
¿Pero se desviará él hacia ese nervio? Me pregunto, amordazado, ágape: Él me ve tragar saliva y escatima la pulpa. ¡Dios mío, qué cerca estuve de escapar!
La creosota está en mi garganta, lloro contra mi voluntad, me pican las fosas nasales, sensación que no puedo aliviar hasta que él detiene el zumbido, guarda la pelusa y aparta el torno.
Yo garantizo la dicha del cálido beso de amor, o riqueza, o fama o habilidad: a estas las estimo pero aún creo que hay un estremecimiento mayor, cuando él detiene el zumbido, como al final lo hace, y aparta el torno.
