Autor: Christopher Morley
Sería tuya si pudiera construir la pintoresca y antigua vivienda que deseo, con libros y retratos valientemente llena y sillas junto a un fuego abierto, habitaciones de paredes blancas con velas encendidas, ¡me acuesto despierto para pensar en ella!
Un cuadrante para las horas soleadas, un jardín de flores a la vieja usanza, digo caléndulas y lavanda, y reseda y matricaria, y árbol de Judas y culantrillo, y caramelo, tomillo y ruda… Todo eso para que tú pasees.
Una carpa china (llamada mandarín) hundiendo una aleta plateada y lenta, profundo en el foso: tan mansa que se acerca a tus dedos ofreciéndote migajas, altas chimeneas como largas orejas escuchando. Persianas blancas, hiedra verde y gruesa. Y paredes de ladrillo Tudor rojizo, envejecidas con los años.
Y ventanas con pequeños cristales emplomados, amplios asientos junto a las ventanas para cuando llueve, un gran cuenco azul con popurrí y sí, un castaño español para acuñar el oro del otoño, una casa de verano para tomar té… Todo esto (¡sólo piénsalo!), para tú y yo.
Una escalera de la vieja madera negra cortada en días de Robin Hood, y barandillas pulidas como el cristal por las que tu mano se deslizará suavemente, un piano con pálidas teclas amarillentas para melancólicas melodías de crepúsculo, y botellas polvorientas en un contenedor… ¡Todo esto para que lo disfrutes!
¿Pero cuándo? Ah bueno, hasta ese tiempo habitaremos en esta casa de rima.
