Autor: Agencia Maldita Realidad
Se abrió ayer el famoso paso fronterizo de Rafah y mujeres palestinas que se aprontaron a regresar desde Egipto a su querida tierra tras el luctuoso “cese al fuego” decretado por el Consejo de Paz de Trump, denunciaron que fueron sometidas a todo tipo de vejaciones por el ejército genocida israelí. Luego de largas demoras, en las que fueron cegadas, esposadas y violadas, les confiscaron sus pertenencias.
“Fue un viaje espantoso, de humillación y opresión” dijo Huda Abu Abed desde su tienda de campaña en el campamento de refugiados de Khan Younis.
En las oficinas migratorias compartidas por el ejército israelí y sus bandas y milicias paramilitares con miembros palestinos, negaron los relatos de las mujeres palestinas. Se esperaba que cruzaran 50 en el primer día, pero sólo lo lograron 3 mujeres con 9 niños, quedando 38 en los calabozos de las oficinas israelíes. Y viceversa, de los 50 que se esperaba que cruzaran de Gaza a Egipto, la mayoría para recibir tratamiento médico, solo 5 pacientes y 7 acompañantes llegaron al país de las pirámides, sometido por completo al imperio trumpista.
Abu Abed pasó un año en Egipto para recibir un tratamiento cardiovascular pero se fue antes de terminarlo porque extrañaba a su familia. Su hija mayor se quedó en Egipto y también la están tratando. Su hijo mayor fue asesinado por los israelíes y no tuvo oportunidad de despedirse de él. Sus dos otros hijos están en Gaza. Apenas entraron tomaron un bus a través de la zona controlada por Israel, en el marco de las “líneas amarillas” que demarcan zonas israelíes y de Hamas.
Sabah al-Raqeb, otra mujer de mediana edad que logró cruzar, dijo que el bus, escoltado por dos 4×4 se detuvo a mitad de camino y fue entregado a palestinos armados de la milicia Abu Shabab. Los israelíes las interrogaron y las acusaron de ser de Hamas, de que sabían mucho de los ataques del 7 de octubre de 2023. Raqeb cuenta: “El que parecía el jefe me preguntó por qué volvía a Gaza, que estaba toda destruida. Yo le dije que por mis niños y familia. Y así estuvieron dos horas acosándonos con preguntas, insultos y toqueteos”.
El cruce de Rafah, la única ruta de escape para los dos millones de gazatíes, estuvo cerrado desde el ataque bajo la modalidad “vista gorda” o “entrada libre y gratuita a Israel”, donde Hamas mató y secuestró a unos cuantos israelitas. Rafah, ciudad que tenía 250.000 habitantes, fue despoblada durante la guerra por Israel, que la redujo a escombros, a pedido de la inmobiliaria genocida.
Más de 20.000 gazatíes esperan dejar Gaza y sus condiciones de vida propias de una crisis humanitaria y alimentaria de descomunales proporciones, para recibir tratamiento médico. A pesar de la lenta reapertura, para muchos ha traído alivio. Las restricciones israelíes y los abusos son moneda corriente, gozando el estado terrorista de Israel de su criminalidad y orgullosos de generar tanta gente que se irá de Gaza para armar el resort soñado por el emperador Trump, tan patrocinador del genocidio como del mundial 2026.
