Autor: Christopher Morley
Tiempo que se desliza hacia abajo, dulce, rápida y superficial corriente, aquí, como una roca, yace esta tarde a través de tu ansioso flujo. Así deberías quedarte, profundizado y represado, para dejarme respirar y ser. Tu compleja fluencia, tu destello que corre debería hacer una pausa, y circular ociosamente, quieto y claro: el rato en que yo esté recostado y busque tu estanque cristalino donde, enroscándose suavemente en su perezoso círculo, minutos inseparables van a la deriva y nadan, remolino y oleada y rebosamiento. ¡Y veré cuántas burbujas de cristal de Tiempo libre la mente puede mantener y apreciar en un Ahora!
Ahora, por una conciente vacancia de sentido, la corriente es reunida en un estanque cada vez más profundo, ni un mero espejo moviéndose. Por el agudo reflejo correcto de la escena erigiéndose se puede sumergir la mente, y limpiarse con descanso, y ver, lento girar en el oro lúcido, tus notas líquidas, Tiempo imperecedero.
No puede ser. El arroyo se desliza: la clara y suave esclusa descendente comienza de nuevo, inclinándose más brillante hacia esa pausa temblorosa, dejando el sentido su conciente y vaga incomodidad, como cuando un soneto destella en la mente, tiembla y arde un instante, y se va.
