Autor: Bob Hicok
Hay una tradición en Laparone de que el primer hombre que se despierta cada mañana debe barrer las sombras de su porche para que la noche no empuje los largos miembros de la luz del día en su boca y devore el día. Serto quiere ser la escoba derritiendo oscuridad y luz en el momento de su divorcio. Esto molesta al traductor con un festín de dificultades técnicas y morales. Por ejemplo. Hay un rumor ampliamente extendido de que el brazo de Serto perdido en la última batalla por Muipo, ahora pasó por los rebeldes de Zedefi de base en base en las montañas Chimasta, se revierte a su cuerpo en sueño y lo ahoga hasta matarlo, su último aliento la palabra benudok. En Kuntolo esto significa algo como traidor/salvador. La aspiración, para la cual no hay un simple equivalente en inglés, de hecho ninguna palabra comparable en el romance “pallet”, es mantener en una unidad de lenguaje la compleja idea del hombre o mujer que salva una aldea o clan por un acto putativo de infidelidad, virtud de la cual sólo él o ella están advertidos. En la primera oración de Kiloso dak Vermoso o Río Tragado, Serto inyecta la leyenda de su brazo perdido en nuestras imaginaciones, en palabras de necesaria malinterpretación. Ekiu zar sedru dok erchulo tubuso puede ser traducido de una o dos formas: el brazo se levantó y abrazó el sol, o el brazo se levantó y devoró el sol. Dada la postura de Serto como un escritor del mundo, esta oración de apertura es un desafío a los traductores a basar el tono de la novela en el vaivén de una sola palabra. Por entonces Mersatta, torturado por el sueño del brazo, se colgó del árbol kloson de 300 años en la plaza de su pueblo sin nombre, está claro que el brazo ha sido el narrador de la novela, Mersatta está para ser perdonado, como devorado, Mersatta podría ser dejadl a la podredumbre. Más cuestiones complicadas surgen porque a veces el narrador es el brazo pero otras una lengua o pie, hay un capítulo entero llamado Bukosaman o Metrónomo, donde el narrador deviene sin referencia hasta la última palabra del capítulo, la hebilla dorada del general **** es el cinturón. Como siempre con Serto, estamos hechos para preguntarnos, sabiendo tanto sobre su vida… el transporte de mensajes rebeldes cuando era niño a lo largo de las afiladas crestas de las Chimastas, la violación de su madre, cómo le dispararon a su padre delante de sus ojos, la súbita aparición de un tío rico que envió al muchacho afuera del país, a los brazos del Treost Jesuits, su retorno como la pluma lunática detrás de las páginas incendiarias de La tierra desvestida… si se nos pide que vistamos la complejidad de su culpa y decidamos si él, el supuesto informante en Muipo, es un chico de reverencia o desprecio. Desde esta tempestad esencialmente he escrito mi propio libro. Mersatta aún muere pero esta feliz de dejar que el balanceo de su cuerpo reemplace el tic-toc del viento. El brazo que lo acecha no tiene nada para decir de la revolución pero quiere irse a casa. Al final los dos son reconciliados en un solo cuerpo de muerte. Luego de eso el país está tranquilo, el rebelde baja de las montañas para descubrir a sus familias hace mucho abandonadas, ríos empacados y campos de trigo, y clavó una nota en la barbería diciendo No sigan, luego de veinte años tus ojos ya no pueden ver nuestra piel. Entonces los rebeldes toman las montañas aparte, los dejo con bocas llenas de suciedad, manos arañadas hasta los huesos por el duelo, y Serto a la distancia en el disfraz del Guitano, un mar famoso por plácidas aguas pero ocultando los dientes de roca de Judas.
