Imran Khan a punto de morir, torturado y maltratado en cárcel paquistaní

Autor: Hugo Müller

Una de las víctimas más relevantes del lawfare salido de las entrañas de la Casa Blanca es el ex primer ministro pakistaní, que ha sido diagnosticado con obstrucción ocular, y se le ha denegado un adecuado tratamiento médico mientras continúa alojado en un oscuro confinamiento solitario, según informó su partido político. Después de Maduro, se trata del preso político más importante del mundo. El antaño jugador de críquet es muy popular en Pakistán, y aún a sus 73 años puede darle fuertes dolores de cabeza a un gobierno siempre servil a los intereses y demandas de Estados Unidos.

Los abogados de Khan denunciaron que no pudieron verlo en los últimos tres meses. De acuerdo con un comunicado del partido Tehreek-e-Insaf (PTI), temen que su salud empeore, dada la oclusión de la vena retinal central de su ojo derecho. “Si no lo operan pronto perderá la visión de ambos ojos, y se le obstruirá también el corazón” –advirtió el vocero del partido. Luego de revisarlo, dos oftalmólogos expertos alertaron que lo vieron muy deteriorado, y que no los reconoció.

Las hermanas de Khan iniciaron una protesta porque tampoco les permiten visitar a su hermano confinado en la prisión de Adiala. Sus manifestaciones fueron reprimidas con gases lacrimógenos y balas de grueso calibre, que produjeron varias muertes y cegueras más en un país casi en estado de sitio. El genuflexo y asqueante gobierno militar parece estar torturándolo lentamente hasta su muerte, en un horrible tratamiento que se asemeja a los más cruentos de los servicios penitenciarios medievales.

Por su parte, la angustia de sus seres queridos, y de buena parte del pueblo de Pakistán, se agiganta a medida que acecha cada vez más feroz la muerte irremediable del único líder que podría cambiar el tablero geopolítico en Asia y Medio Oriente para que no se convierta en la red de tráfico de armas para genocidios exprés que armó la inmobiliaria Trump-Netanyahu en su cartera de negocios.

Hablamos con una de las hermanas, Uzma Khanum, quien protagonizó una sentada para que le permitan acceder a su hermano. Ella denunció también la situación de su esposa, Bushra Bib, quien fue sentenciada en el mismo caso y está cumpliendo su condena en una cárcel para mujeres, sometida al mismo tratamiento vejatorio e inhumano que está recibiendo su marido, sólo por no congeniar con los militares y oponerse al imperialismo estadounidense y su patota de la OTAN.

Mientras los militares sofocaron el conflicto en Afganistán gracias a terremotos, nevadas e inundaciones devastadoras en la nación regida por los talibanes, y no por impericia de los gloriosos muyahidines, en “esas guerras que se ganan solas”, que tanto abundan en la contemporaneidad, tienen que atender a la vez al frente indio y a los movimientos de China. Pakistán es un país clave del mapa geopolítico actual, y el control que tiene Trump del mismo debería ser humillante para los auténticos seguidores de Mahoma.

La tercera guerra mundial en marcha no está interesante, dado el carácter grotesco y pegajoso del principal protagonista: el cretinismo desvergonzado del emperador se combina en su etapa de senilidad veloz con destellos de lucidez propios del fundador de MAGA y Truth Social, que salen como pedos hediondos de su mente. El matón mafioso va para adelante con sus marines y su tecnología letal, a meter preso o matar a quien se le antoje en el momento que sea. Se trata de una guerra del imperio de Trump contra el resto del mundo, y en este escenario Estados Unidos debería partirse en una guerra civil que lo lleve a la implosión siniestra que se merece.

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