Otras vidas y dimensiones, y finalmente un poema de amor

Autor: Bob Hicok

Mi mano izquierda vivirá más que mi derecha. Los ríos de mis palmas me lo dicen. Nunca discutan con ríos. Nunca esperen que sus vidas finalicen al mismo tiempo. Pienso que rezando, pienso que aplaudiendo es cómo se lamentan las manos. Pienso permanecer parado y esperar por pinturas para suspirar que es ciencia. En otra dimensión esto es lo que está sucediendo exactamente, es lo que garantiza lo que ellos escriben: la cromodinámica de silbadores lúgubres, la pena audible y la decadencia beta del antiguo puente de Battersea. Me gusta la idea de diferentes lugares y otros lugares, un Idaho conocido por el bluegrass, un Bronx donde la gente hable como huelen violetas. Quizás estoy paciente en algún lugar, de algún modo amable, quizás en el rincón de un universo primo en el que jamás he traicionado o mancillado a ninguno. Aquí tengo dos manos y se están desvaneciendo, el vació de tu espalda para que mi mejilla repose, tu voz y poco más pero mi asiduo temor a acariciar, mis manos están enredadas como el trabajo de una araña destrozado por el viento, como si comprimieran algo en el vientre pero no pudieran colgarlo. Uno de esos otros mundos o una vida que sentía pasar a través de la mía, o el océano adentro de la panza de mi madre, ella tenía que gritar.

Aquí, cuando digo que nunca quiero estar sin ti, en algún otro lugar estoy diciendo que nunca quiero estar sin ti de nuevo. Y cuando te toco en cada uno de los lugares que encontramos, en todas las vidas que somos, es con manos que están muriendo y resucitadas. Cuando no te toco es un error en cualquier vida, en cada lugar y para siempre.

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