Autor: Bob Hicok

Unas pocas horas después de Des Moines el inodoro se desbordó. Esta no fue la aventura que sonaba.
Me senté con un hombre cuyos tatuajes pesaban más que yo. El tocaba la guitarra a lo Hendrix con la boca, sus labios no eran lo suficiente rápidos para Electric Ladyland, y si el tono y la melodía son los rudimentos de la música, esto era solo recuerdo, un cuerpo nostálgico para el toque de sonido adorado.
La esperanza es la cosa más pequeña en un autobus.

Tú esperas que un humo olvidado se asocie con pelusa en el bolsillo del último recurso para estar contra el viento de la condición humana, que el bebé duerma y cuando esto jamás ocurre, que ella llore con el metro de la canción de cuna del mar.
Fuimos tragados por el ritmo. La ultra rubia que removió su peluca y aplicó rizos frescos de cinta adhesiva a su cráneo. Su compañero, que sostenía un espejo y se ponía y quitaba su dentadura postiza, el muchacho que cortaba el relleno del asiento donde debería estar su madre… Había un poco más de sueño en nuestros pensamientos, era más fácil rendirse.

A qué, exactamente… la sospecha de que lo que observamos nos observa, campos de maíz que contemplan nuestras manos, centros que nos sostienen en sus ventanas a través de la noche, o fe, es extraño sentir en aquel zoológico de comportamientos.

Tenía baba en mi camisa y aliento de no-muerto, un tipo dejó caer cervezas vacías en el piso como si la gravedad hubiese nacido para proveer este servicio, éramos basura blanca y negra que había llegado en una letrina sobre ruedas y aun así algunos habían crecido… al tocar las animadas camisas en los tendederos, luego de observar un cielo de estorninos fluir como cursivas sobre trigo…. De vuelta en criaturas capaces de un deseo.
Cuando ingresamos a Arizona pensé que estaba oliendo el océano, me gustaba la mentira de eso y cerré mis ojos como sombras de marionetas contra mis párpados.
Trajimos nuestros defectos con nosotros, su sabor, su olor. Pero el chico que vomitó en la parte de atrás fue empujado a la ventanilla de cualquier modo, la abrió y dejó que el viento limpiara su cara, gritando algo que no podía entender pero en lo que estaba de acuerdo en la forma, un sonido que reconocí como todo lo que había venido a dar desde tan lejos.

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