Autor: Bob Hicok

Lo golpearon en la nuca por un botín de 15 dólares, una tarjeta Diner’s Club y una foto de su hija con un casco, montada en un caballo atado a un poste que centraba su universo giratorio. Caminando los salones él hubiese podido pedir una mamada que no quería. Los nuevos visitantes del guardia no sabían que su pedido era toda la lesión que le habían dejado decir, y estaría avergonzado o enojado, unos pocos golpeándolo mientras él se paraba con su boca ligeramente abierta y un marco enorme inclinándose adentro. Su esposa se divorció por buenas e irreprochables razones. El no hubiese ido a su casa para compartir sus pensamientos en película y clima, o recordándola por más tiempo del que lleva dejar un cuarto.
A él le gustaba el jamón. Guardaba periódicos en armarios y bajo su cama, cada página no leída achatada con la mano. Y cuando nevaba él se inclinaba a una de las ventanas selladas, irrompibles, una revisión al vidrio frío mientras sostenía sus dedos sobre su boca y gemía bajo y constante como el sonido de un bote en el lado lejano de un lago. Cuando él murió ellos lo cortaron abierto para ver cómo sus hábitos habían sido recableados y apretados fuerte. Habiéndolo conocido temían lo que pudiera suceder cuando cruzas el lote a la oficina o te detienes en un semáforo y golpeas el volante como lo harías a cualquier hora. Si te fijas en los hermosos cortes transversales teñidos de un cerebro es natural preguntarse cómo extraemos el sabor del café o el sentido de una nota precisamente encontrada y sostenida en un oboe desde esta zarza.
En los deslizamientos del duque, marcaron con un círculo las regiones afectadas por la plaga, lo que explica por qué casi todo comportamiento que reconocemos como humano se perdió, pero no por qué un hombre que se acurrucaba como una oruga al menor contacto sólo podía pedir sexo, intimidad, por lo que menos podía aceptar y sin lo que vivió doce años, ningún abrazo o caricia, ningún beso en sus labios antes de dormir, hasta que murió en el salón contemplando el cielo invernal que parecía ansioso de nevar todo el día pero no lo hizo.

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