Milagro en Brasil: Bolsonaro va a leer libros para reducir su condena

Autor: Hugo Müller

El Código Penal brasileño tiene sus vericuetos y los abogados del ex presidente Jair Bolsonaro, condenado por dirigir un golpe de estado contra el actual presidente Lula, estudiaron mucho las posibilidades que habilita la ley brasileña a los convictos para recuperar su libertad. El sistema penitenciario cuenta con un programa de lecturas basado en bibliotecas on y off line que reduce en 4 días la condena por cada libro que se lee. La pesada sentencia de 27 años que le otorgaron el año pasado se podría reducir entonces, tal como peticionaron los abogados del preferido de Trump caído en desgracia. El problema con la iniciativa es que se desconoce si el ultraderechista líder brasileño ha leído un libro en su vida. De hecho, en todas sus declaraciones públicas sobre el tema ha confesado que “no tiene tiempo para leer” o que se trata de una práctica de “zurdos o maricas”.

Pues ahora, parece que para aplacar su histeria y malhumor, el ex presidente ya trasladado a una prisión de máxima seguridad, analfabetizado por su adoración a las armas y la violencia paraestatal, va a empezar a agarrar libros, tras la autorización concedida por un juez de la corte suprema. De todos modos, entre las ventajas del sistema, se destaca que para que un preso pueda acreditar que efectivamente ha leído un libro, debe enviar un informe a las autoridades penitenciarias donde resume las enseñanzas y cosas positivas que haya encontrado en su lectura, o que bien argumente por qué le pareció un libro de mierda. Sin embargo, el problema persiste, sobre todo cuando se lo hace en su formato tradicional de papel, pues es muy fácil para un hombre encerrado en una celda -particularmente a un energúmeno iletrado de la especie de Bolsonaro o Trump- simular que está leyendo cuando en verdad está pensando en cómo escapar o cualquier otra cosa.  

Bolsonaro, de pasado paracaidista, famoso por su hostilidad a la democracia, hacia las minorías étnicas, su desprecio por la ecología y las causas ambientalistas y el mundo del arte en general, no parece que vaya a apreciar la lista de lecturas seleccionada y dirigida por el juez, que incluye obras sobre los derechos de los indígenas de Brasil (entre ellas, lo último de Ailton Krenak), joyas del antirracismo, la protección y el cuidado de la selva amazónica, además de retratos y ensayos sobre el terrorismo de Estado ejercido por la dictadura de 1964-85, del cual el presidente convicto siempre se declaró un incondicional admirador. Al revisar la lista de lecturas, Bolsonaro se puso a llorar y le obligó a sus abogados que le rueguen al juez incorporar, en un acto de piedad literaria, Defendiendo lo indefendible, por recomendación de su querido Milei.   

Uno de los títulos propuestos, Un defeito de cor, de Ana Maria Gonçalves, es un mamotreto de 950 páginas que cuenta la historia de Brasil desde la perspectiva de una mujer negra. Si no logra la hazaña de superar la primera página, Bolsonaro podrá escoger para iniciar su vida de lector a ¡Democracia!, un libro infantil del autor e ilustrador Philip Bunting, que se lee en varias escuelas primarias de diferentes estados brasileños.

Algunos de los libros de la lista, como La guerra y la paz de León Tolstoi, y el Quijote de Cervantes, tienen más de 1.000 páginas, por lo cual si aspira a una efectiva reducción de su condena con este método de lecturas, su ritmo deberá ser frenético, y no podrá descansar de la lectura ni siquiera para comer o para cualquier otro hábito de la cotidianeidad carcelaria. Como antecedentes de este despropósito, una vez Bolsonaro apareció en público con un grueso tomo de las Memorias de la Segunda Guerra Mundial de Winston Churchill, aunque se sabe con certeza que no leyó de este bodrio ni siquiera un párrafo.

En 2018, en plena campaña presidencial, le preguntaron a Bolsonaro cuál era su libro favorito, respondiendo A Verdade Sufocada – A história que a esquerda não quer que o Brasil conheça, de Carlos Alberto Brilhante Ustra, un torturador de su adorada dictadura, arguyendo entusiasmado “Es una historia real de Brasil… con hechos, con datos, con lugares y episodios reales”. El libro es una puntillosa descripción de las torturas y asesinatos perpetrados por el coronel literato.

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