Autor: Bill Knott
Estoy encantado y a la vez contrariado por este malentendido… Como cuando luego de una revuelta las tiendas destrozadas de mi ciudad aparecen todas tapiadas, cubiertas con vallas publicitarias y anuncios de seguros contra el viento. Similarmente, nadando, no entiendo el punto. ¿Ustedes tampoco?
Y mi malentendido no se detiene allí, crece… pronto no puedo ver por qué aquel súbito influjo de fugitivos, todos los escapados del mundo, frotándose lascivamente contra el Muro de Berlín. Se pegan como armarios a él. Como napalm. Como publicidades… Y yo, ¡ni siquiera he comprado aún mis genitales biodegradables! No, nací lento, pero recogiendo velocidad he corrido por nuestras calles ardientes, gritando, rehusándome a comprar una casa. Finalmente, exasperado, el malentendido me toma, me atrapa.
Esposas. Entonces aquí estoy, hallado con todos ustedes, otros impacientemente estirando el cuello, en la cola que rumorea fuera de vista, arriba y al frente de algún lugar, aferrándonos a nuestro dinero, ansiosos por comprar lo que sea, nerviosos, como si bombas estuvieran por practicar reformas de aterrizaje sobre nuestros cuerpos.
Redistribución de ojos, dedos de los pies, brazos, aquí nos paramos. Entonces, comienza alguna nueva era.
