Autor: Hugo Müller
Si quieren entender qué está pasando en Estados Unidos justo ahora, y qué va a ocurrir pronto, no se focalicen tanto en Donald Trump. Más bien dirijan su mirada a su jefe de asesores, su Rasputín, Stephen Miller. Está más que claro que Miller, un hombre que ha dicho “América es para los americanos, y sólo para los americanos” y cuya misión es “salvar a Occidente” es quien impulsa y lleva adelante las medidas y políticas más extremas y criminales de la administración Trump. Según un reciente artículo de Bloomberg, en privado se lo llama “el primer ministro”.
La influencia de Miller abarca tanto la política interna como la exterior. ¿Esos agentes de inmigación encapuchados arrestando gente en las calles y ocasionalmente asesinándolas disparándoles a quemarropa? Sus tácticas agresivas son impuestas por Miller. ¿El plan para liquidar el derecho a la ciudadanía estadounidense por nacimiento? El está a cargo de todo eso. ¿El secuestro del presidente venezolano Nicolás Maduro? El participó en el plan. ¿La campaña para convertir en MAGAs a todas las universidades? También la conduce él. Todas las resoluciones que adopta Trump las hace instigado por Miller.
Mientras que personas como JD Vance han cambiado agresivamente su postura para ganarse el favor del presidente, Miller, de 40 años, ha sido un fanático e imbécil desde hace mucho tiempo. En 2017, uno de sus antiguos compañeros de secundaria declaró al New York Times que, cuando era adolescente, Miller le dijo que no podían ser amigos debido a su ascendencia latina. Según se informa, también se quejaba de que sus compañeros de clase hablaran en español. Son varias las anécdotas que reflejan su pasado partidario de la pureza de la raza judeoestadounidense.
En 2013, como asesor del senador Jeff Sessions, propuso una refomra migratoria idéntica a la actual. Luego, en el primer gobierno de Trump fue el impulsor de la separación de familias en la frontera con México. Su tío lo reprendió públicamente asestándole que venían de una familia judía que buscó refugio en Estados Unidos escapando de los campos de concentración nazis. Sin embargo, Stephen apoyó a Katie Waldman, que dirigía Migraciones entonces, y estaba dispuesta a poner en marcha los planes de Miller. De hecho, ellos se casaron, y ella tiene un podcast desde donde despliegan su ideología criminal y racista.
Por cierto, aguanté el primer episodio de este tedioso podcast y descubrí un dato curioso sobre Miller. Sus pasiones no se limitan a secuestrar a jefes de Estado extranjeros. También le encanta la mayonesa. De hecho, en su podcast, Katie Miller dio a entender que el condimento más blanco de todos es lo único que come su esposo. Lo cual parece un poco demasiado acertado, ¿no? Un poco como el hecho de que Ivanka Trump tenga un perro súper blanco llamado Winter. Todo esto da la sensación de que America: The Final Season ha sido escrita por una IA perezosa o una máquina de blancura humana, para ocultar su mugre mental de pensamientos malignos. Judíos enfermos de poder que no se sacían con los crímenes y atrocidades que cometen a diario.
Esto es serio, Miller es un Rasputín que ha fogoneado y ejecutado el Reino del Mal trumpista vigente, y en el podcast de su mujer se lo pinta como un americano común con manchas de grasa y mayonesa en sus camisas. Aunque los demonios empeñados en imponer el autoritarismo en Estados Unidos y la miseria a sus autoproclamados enemigos puedan considerarse semidioses, en última instancia no son más que simples mortales.
No decimos esto para humanizar a Miller, sino para ponerlo a él y a los ególatras que lo rodean en perspectiva. Lo que personas como Miller desean por encima de todo es que les tengamos miedo; por eso están tan obsesionados con asesinar y robar y llevar adelante todo tipo de prácticas mafiosas. Y sí, todos deberíamos temer la visión brutal del mundo que intenta plasmar Miller a través del emperador geronte. Deberíamos preocuparnos por lo que Miller está haciendo. Pero también debemos asegurarnos de darle pelea, y envenenar todas las mayonesas que vaya a consumir.
Agradecemos la colaboración de Arwa Mahdawi para la investigación de esta nota.
