Autor: Bill Knott

Se pensó que era una confesión, ganada por infinita tortura, pero que nuestros interrogadores deben odiar recordar… todos esos viejos nombres en código, fechas, la narrativa estándar de gargantas de papel de arena, aún su remordimiento cae ignorado. Lejos, afuera, un tardío (no perdido) mensajero contempla, conmovido por gangas de ventana o es el regalo de una súbita solicitud: es ella yendo a levantar el peso de su sombra, ¿cambia la suya en ella? Ella sabe quién carga a quién. En aquel momentáneo museo donde el recuerdo ocurre más acumulado de las pinzas de esos torturadores que de uñas recortadas, ojos destrozados, rogamos por primeros planos. Ormolus, ¡objetos de arte! Un sátiro vacía un reloj de arena de un solo trago.

Vistas: 3