Autor: Bill Knott
Las hojas caen de los árboles hasta que juntamos manos con una vara y ese acto las habilitó de algún modo entonces para alcanzar el suelo donde correteaban alrededor de nuestros pies, urgiendo a la última a unirse con un bastón como si aquel acto, junto con las manos, pudiera agarrar una varilla de zahorí cortada de la misma rama desde la que nos lanzamos convergiendo hacia el punto de purga de la gravedad, a cuyo punto nos fusionamos para remover todas las consonantes de nuestros mapas de estrellas. El infinito consiste solo de vocales.
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