Autor: Bill Knott
Inclinándome así para vaciar mis manos, rebuscando en los tachos de basura blancos a la salida de la Oficina de Patentes encontré una especie de paz, aquí en el callejón de luz cálida donde no viene nadie.
Hasta las ratas también saben que nada nuevo será sacado ahora… ninguna fórmula, ni una huella jamás se encontrará en estos brillantes tachos cuyos futuros son enormes, prístinos.
A veces los viejos chismosos me llaman la atención, veo al mundo en destellos allá afuera, brilla, brilla como los pisos de salas de descontaminación… Vuelvo a mi aburrida búsqueda, persiguiendo el sentimiento que me da la cosa que me ha inventado: ese vacío cuya sola idea fui.
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