Autor: Bill Knott
‘¡Mi era, mi bestia!’ – Osip Mandelstam
En los labios, un sabor a campanas fúnebres, estamos ciegos, la luz se desliza como polvo sobre los rostros, usamos máscaras en nuestros genitales, has escuchado de encender cigarrillos con notas bancarias que solíamos usar para encender los nuestros con judíos, la historia está hecha de ladrillos que no puedes atravesar, y los ladrillos están hechos de huesos, sangre, y los huesos y sangre están hechos de círculos diminutos que no pueden atravesar nada excepto un piano con rabias, la sangre brota hacia y no desde nuestras heridas, sangres vietnamita, cubana, africana, constelaciones de esperma sobre nuestros cuerpos, borrachos como perros ante nuestros hijos, los fetos barbados se alinean ante la cubeta de la evolución, sangres enjambradas en el piano rabioso, el aire sobre Chicago es un monograma de la muerte, ésta es la era de los hombres lobo excediéndose de velocidad: 10.000 hombres por minuto, ésta es la especie engendrada por la muerte, el grito de hombre de la carne, las chispas inertes de la carne, cubriendo los profundos tambores de la visión, oh, nueva era de guerras raciales, relámpago de yugular, oscura mirada estallando desde el futuro demasiado maduro, saber que no somos las líneas de sonrisas de sueños ni los poros de lo Invisible, el piano con rabia al que hemos vencido, el tambor y el repique del viento, mordemos de vuelta una voz que podría haber emergido para domesticar esos cuerpos muertos, ayuda de cenizas húmedas.
