Autor: Arthur Guiterman
Gran dios a quien podría tallar de esta piedra gris donde yaces, oculto a todos excepto a mí, concede que cuando mi arte te haya dado a conocer y otros se inclinen ante ti, no te adoraré. Pero, mientras rezo ante ti ahora, entonces permíteme orar a un dios más grandioso, que sea concebido como tú, dentro de mi alma, para quitarle fuerza desde su nuevo altar, cuando, lograda esa tarea, él, también, se yergue manifiesto. Sí, ¡déjame anhelar de un sueño a un sueño mayor!¡No permitas que descanse contento ante cualquier meta! Aún me piden que desprecie cada triunfo transitorio en la Eterna Búsqueda, ¡abjurando de ídolos que mi mano ha forjado para la deidad, revelados, pero no retratados!
Vistas: 0
