Autor: Arthur Guiterman
El bebé antiséptico y el cachorro profiláctico estaban jugando en el jardín cuando el conejito saltó de alegría, ellos miraron a la criatura con un desprecio inocultable, no estaba desinfectado y no estaba esterilizado.
Ellos dijeron que era un microbio o un foco de enfermedades, lo cocinaron al vapor a unos mil grados, lo congelaron en el freezer que estaba frío como esperanza desterrada y lo lavaron en permanganato con jabón carbónico.
En hidrógeno sulfurado sumergieron sus orejas móviles, recortaron sus bigotes rebeldes con un par de tijeras resistentes, se pusieron sus guantes de hule y lo tomaron de la mano y lo eligieron miembro de la banda fumigada.
No hay un micrococo en el jardín donde ellos juegan, se bañan en yodoformo puro doce veces al día, y cada uno embebe sus raciones de una copa higiénica… El conejito, el bebé y el cachorro profiláctico.
