Pershing en el frente

Autor: Arthur Guiterman

El General vino en un nuevo sombrero de hojalata al frente de guerra donde caían las bombas, con un fiel ayudante a su buena mano derecha, él hizo su camino hacia la tierra de ningún hombre, y a un rudo Sargento en jefe encontraron allí, y un Capitán también, para mostrarles los alrededores. Atravesando la zanja, con la cabeza gacha, hacia las líneas del enemigo vigilante, vinieron por la oscuridad y el hedor de la pólvora hasta que el Sargento susurró “¡Tercera línea de trincheras!” Y el Capitán susurró “¡Tercera línea de trincheras!” y el Edecán repitió “¡Tercera línea de trincheras!” y Pershing contestó –no en francés- “Sí, la veo. Tercera línea de trincheras”.
Nuevamente ellos marcharon con paso cansado, siguiendo al Sargento que los conducía por la humedad y el fango también, hasta que llegaron a otro paralelo.
Se detuvieron allí en el barro y el aguacero, y el Sargento susurró “¡Segunda línea de trincheras!” Y el Capitán susurró “¡Segunda línea de trincheras!” y el edecán repitió “¡Segunda línea de trincheras!” y Pershing asintió con la cabeza: “¡Segunda línea de trincheras!”
Todavía siguieron adelante a través del fango espeso como brea hasta que llegaron a una zanja fina y espaciosa, bien camuflada de los aviones y zeppelines, donde soldados en posición de disparo y un Mayor estaban sentados en un banco de madera, y el Sargento susurró “¡Primera línea de trincheras!” Y el Capitán susurró “¡Primera línea de trincheras!”, y el edecán repitió “¡Primera línea de trincheras!”, y Pershing susurró “Sí, la veo. ¿A qué distancia está el enemigo?” Y el fiel edecán preguntó “¿Cuán lejos está el enemigo?” Y el Capitán respiró en una clave más suave “¿Cuán lejos está el enemigo?”
El silencio se acumulaba en pilas y montones y el Sargento susurró “Sólo tres millas”. Y el Capitán susurró “Sólo tres millas”. Y el edecán repitió “Sólo tres millas”. “¡Solo tres millas!” juró el General “¿Por qué demonios estamos susurrando?” Y el fiel edecán cargó el mensaje “¿Para qué demonios estamos susurrando?” Y el Capitán dijo en un rugido gentil “¿Por qué demonios estamos susurrando?” “¿Susurrando para qué?” rodó el eco, y el Sargento susurró “Tengo un resfriado”.

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