Autor: Sandra Lambertucci
En el paraíso de los justos, más allá del trono de los elegidos el ánimo se esconde temeroso, la soledad enferma de un silencio inquieto. Una ráfaga de aire azota en la frente y eriza sus cabellos de horror, penetra hasta la médula de sus huesos mientras un rumor sordo revolotea las últimas flores.
Allí, donde van todos los acentos de la tierra los sonidos se desvanecen, las palabras sentenciadas se hacen aire y a los lamentos nadie los oye.
Aquí, las voces invisibles flotan en las plegarias de los niños, las resignadas quejas de los que padecen palpitan en el éter y arden en el pecho.
Más allá, hieren los oídos, el olfato enceguece, el vacío se llena de mentira pero se sobrepone a las otras voces del concierto infernal.
En el paraíso de los justos un aliento de fuego arrasa su cara, truenos y relámpagos retumban en sus oídos, arrancan del corcel al ángel que cayó rebelde ante el susurro de sus labios.
