Autor: Arthur Guiterman
Porque en la rama que golpea mi ventana, un brote de hoja despertado por el sol, desplegado, está rompiendo en dos su oxidada cubierta marrón, sé que hay Primavera en el mundo.
Porque a través del tapiz del cielo cuyo azul y blanco mi ventana enmarca a lo largo de todo el día, un pájaro amarillo se zambulle por un instante de vuelo sé que hay Canción.
Porque hasta aquí, en esta Mansión de Dolor, donde se arrastran las horas aburridas, con herraduras de plomo, la Compasión y la Ternura me ayudan, sé que hay Dios.
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