Ensenada de Corsons

Autor: Ammons, A.R.

Esta mañana fui al mar nuevamente a caminar por las dunas, luego giré a la derecha a lo largo de la orilla, rodeé un promontorio desnudo y regresé por la costa de la ensenada: hacía un calor húmedo y soleado, y el viento del mar soplaba fuerte y constante, crujiente en la arena corriendo, algunos avances de sol pero luego de un poco de nublado continuo: la caminata liberadora, estaba liberado de formas, de las perpendiculares, líneas rectas, bloques, cajas, lazos de pensamiento en los matices, sombras, elevaciones, curvas fluidas y mezclas de la vista: me permito remolinos de significado: tendiendo a una dirección de significancia, corriendo como una corriente por la geografía de mi obra: pueden encontrar en mis decires giros de acción como el filo de la entrada: hay dunas de movimiento, organizaciones de césped, arenosos senderos blancos de remembranza en el vagabundeo general de la mente reflejada: pero en general se me escapa: es la suma de aquellos eventos que no puedo conducir, el libro mayor que no puedo llevar, la contabilidad más allá de la cuenta: en la naturaleza hay unas pocas líneas agudas: hay áreas de prímulas más o menos dispersas, órdenes desordenados de arrayanes, entre las filas de dunas, irregulares pantanos de cañas, aunque no sólo cañas, sino césped, arrayán, milenrama, todo… predominantemente cañas: no he alcanzado conclusiones, no he erigido límites, cerrar y encerrar, separando el adentro del afuera: no he dibujado líneas: mientras múltiples eventos de arena cambian la figura de la duna que no será la misma mañana, entonces estoy dispuesto a avanzar, a captar el pensamiento que viene, sin marcar principios ni finales, sin establecer muros: por transiciones la tierra cae desde dunas herbosas al arroyo y su lecho: pero no hay líneas, aunque el cambio en esa transición es claro como cualquier agudeza: pero la “agudeza” se extiende, permitida que ocurra sobre un rango más amplio que el que pueden guardar las líneas mentales: la luna estaba llena anoche: hoy, la marea baja estaba baja: bancales negros de mejillones expuestos al riesgo del aire, más temprano, del sol, ondeaban hacia adentro y afuera con la línea del agua, línea de agua inexacta, atrapada siempre en el evento de cambio: una joven gaviota moteada se paraba libre en los bancales y comía hasta vomitar: otra gaviota, chillando por la posesión, rompió un cangrejo, le sacó las vísceras, se tragó las patas del caparazón blando, un vuelvepiedras rojizo corrió para arrebatar los restos: el riesgo está completo: cada cosa viviente en asedio, la demanda es vida, para conservar la vida: la pequeña garza blanca de patas negras, qué hermosa, acecha silenciosamente y se lanza en picada sobre las aguas poco profundas, se precipita hacia la orilla para apuñalar ¿qué? No puedo ver contra las marismas negras, ¿un cangrejo violinista atemorizado?
La noticia a mi izquierda, sobre las dunas, los juncos y los matorrales de bayas, era el otoño: miles de golondrinas arbóreas reuniéndose para emprender el vuelo: una orden sostenida: en constante cambio: una rica congregación con entropía: sin embargo, separable, advertida como un evento, no el caos: preparaciones para volar desde el invierno, chitan, chitan, chitan, alas revoloteando entre los montículos verdes, picos en los arrayanes, una percepción llena de viento, vuelo, curva, sonido: la posibilidad de la regla como la suma de ausencia de reglas: el “campo” de acción con movimiento, centro incalculable: en la vista más pequeña, el orden estrecho con la figura: pequeñas flores azules en una hierba sin hojas: el caparazón del cangrejo: el caparazón del caracol: pulsaciones de orden en los vientres de pececillos: órdenes tragadas, quebradas, transferidas por membranas para fortalecer órdenes más grandes: pero en la visión grande, no hay líneas o figuras sin cambio: el trabajo adentro y afuera, juntos y en contra, de millones de eventos: esto, para que no haga formas de lo que no tiene forma: órdenes como sumarios, mientras los resultados de acciones superan o de algún modo resulta, no de un modo predecible (viéndome ganar la cima de una duna, las golondrinas podrían tomar vuelo… algunos otros campos de arrayanes podrían ingresar al otoño sin arrayanes), y allí está la serenidad: ningún terror formado: ningún forzamiento de imagen, plan o pensamiento: ninguna propaganda, sin rebajar la realidad al precepto: el terror lo invade todo pero no está organizado, todas las posibilidades de escape abiertas: ninguna ruta cerrada, excepto en la súbita pérdida de todas las rutas: veo órdenes estrechas, estrechez limitada, pero no correré hacia esa fácil victoria: aún alrededor del perdedor, fuerzas más amplias trabajan: intentaré poner orden ampliando la comprensión del desorden, ampliando el alcance, pero disfrutando la libertad de que el alcance eluda mi agarre, que no hay finalidad de visión, que no he percibido nada completamente, que mañana una nueva caminata es una nueva caminata.

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