Autor: Philip Larkin

Hace veinte años dos chicas ingresaron donde yo trabajaba, una inglesa pechugona y su amiga en anteojos con la que podía hablar. Los rostros en aquellos días desencadenaban todo el tiroteo, y yo dudo si alguna vez una tenía como los de ella: pero fue su amiga a la que tomé, y siete años después de eso escribí más de cuatrocientas cartas, le di un anillo de diez guineas que me devolvió al final, y encontré en numerosas ciudades de catedral desconocidas para la clerecía. Creo que encontré a la hermosa dos veces. Ella estaba intentando ambas veces (así lo pensé) no reírse.
Partir, luego de cinco ensayos, fue un acuerdo que yo era demasiado egoísta, abandonado y fácilmente aburrido para el amor. Bueno, fue útil aprender aquello, en mi billetera aún hay dos chupetes, de pechos generosos con guantes de piel. Desafortunados encantos, quizás.

Vistas: 7