Autor: Hugo Müller
Con el virreinato del mayor traficante de cocaína del mundo, la colonia estadounidense de Ecuador es hoy la más peligrosa y violenta de América del Sur. Arribado al poder por medio de un fraude monumental apoyado en tecnología y logística trumpista, el joven presidente bananero Noboa aprovecha para proponer una mascarada de democracia absurda cuando todo el mundo sabe que es un entregador y títere de Trump, y quien ha impulsado el negocio de la minería y la militarización de la vida cotidiana ante la excusa de la guerra contra el narcotráfico que él mismo comanda.
En este contexto horrendo los ecuatorianos concurrirán a la urna a plebiscitar todo lo que ya ha hecho de facto e impuesto por la fuerza bruta: permitir el retorno de bases militares estadounidenses –que Noboa considera centrales para decir que combate al crimen organizado cuando en realidad lo cogestiona con la DEA-, y reformar la constitución, lo que concretó en la práctica por medio de decretos y violaciones constantes a la Constitución que él tilda de correísta, por no decir terrorista.
En estas infames condiciones los ecuatorianos votarán intimidados por la represión y persecución indiscriminados a cualquiera que pertenezca a la Revolución Ciudadana, o mantenga un rezago de izquierdismo o de defensa de las comunidades indígenas. La frágil economía ecuatoriana se vio muy golpeada desde la traición del paralítico Lenin Moreno, el paso saqueador del banquero Laso, y el primer mandato del actual narcobananaero, aplicando todos ellos políticas neoliberales que arruinaron a todos los movimientos sociales.
En efecto, Noboa adelantó que si sale No a las bases militares sus asentamientos y usurpaciones actuales seguirán en marcha, incluida una superbase en las islas Galápagos que destruirán unos de los pocos ecosistemas que quedan vivos en el planeta. Noboa realizó dos cuerdos militares con Estados Unidos y permite vuelos de su fuerza aérea en su territorio.
En su último tour por la región, la Secretaria de Seguridad trumpista Kristi Noem, símbolo de cirugías mágicas, prototipo de las barbies anoréxicas adictas a las armas de guerra, recorrió las instalaciones de Manta y una base en Salinas. El mentiroso ministro del interior John Reimberg está entrenado para difundir narrativa proisraelí y dictada por el lobby judío local. Por eso no lo consultamos para que nos brinde cifras serias sobre narcotráfico en Ecuador (y no es un detalle menor que su jefe sea el narcopresidente). El no podría refutarnos que las capturas en 2025 cayeron más de un 100% respecto del año anterior, por lo que pareciera que el máximo narco de la patria goza de todas las rutas y zonas liberadas para su negocio de la muerte que tanto pareciera preocuparle a Trump en el Caribe.
Los ecuatorianos suelen informarse y saben lo que están experimentando. Están habituados a signos de colonialismo y dominación por parte de unas élites pérfidas y ombliguistas. Todos dudan de los supuestos planes de Noboa y saben que mientras los anuncia ya cometió cientos de crímenes contra la naturaleza y miles traiciones a la patria, entrega de soberanía ecuatoriana por doquier. No quieren que Ecuador se convierta en una zona de guerra por las ambiciones desmedidas que está teniendo el emperador del mundo en su embestida contra Venezuela y Colombia.
Un sociólogo afroecuatoriano que da clases en una Universidad autónoma de Esmeraldas nos explicó que el pueblo no quiere hipotecar la soberanía de Ecuador, que aún hay una parte de la población (mestizos, negros y aborígenes) que resiste y tiene orgullo, y no se entrega al pillaje y coloniaje de la era ultramoderna fascistoide.
