Autor: Philip Larkin
Algo que escuchas, de quinta mano, como epitafio: Vomitó todo y se largó, y siempre la voz sonará, cierto que aprueben esta audaz, purificadora, elemental movida.
Y ellos tienen razón, creo. Todos odiamos casa, y tener que estar allí: detesto mi cuarto, es chatarra especialmente escogida, los buenos libros, la buena cama, y mi vida, en perfecto orden: entonces para oírlo decir él salía caminando en toda la multitad, me deja sonrojado y agitado, como luego ella deshizo su vestido o toma que tú… Seguramente puedo, ¿si él pudo? Y eso me ayuda a permanecer sobrio e industrioso. Pero hoy me iría, sí, pavonearme por los caminos llenos de nueces, agacharme en el rastrojo con bondad, si no fuera tan artificial, un deliberado paso hacia atrás para crear un objeto: libros, China, una reprensible vida perfecta.
